jueves, 5 de febrero de 2015

                                            PECADO DE OMISIÓN


Un fatídico día del año 1633 llegó a un pequeño pueblo cercano a la ciudad de Londres un vendedor ambulante. Acomodó su carromato junto a la plaza principal y comenzó a exponer y publicitar con un altavoz sus productos “maravillosos y de última generación”.
Ungüentos, bebidas energizantes, hierbas famosas con efectos anhelados por los hombres y esperados por las mujeres, que garantizaban una vida plena y feliz; libros nuevos y otros clásicos y la última edición de la Biblia “que ya no puede faltar en ningún hogar”.
El hombre pensaba quedarse dos semanas, pero lo hizo por más tiempo pues fue tanta la demanda que tuvo de la Biblia, que debió encargar otra remesa a la editorial y esperar por ella.
Parecía que la edición de Barker y Lucas, editada dos años antes, obraba el milagro de hacer más devota a la gente de ese lugar.
Cosas extrañas comenzaron a suceder al poco tiempo y continuaron después de la partida del vendedor.
Los habitantes, religiosos y muy apegados a sus costumbres, se fueron transformando poco a poco. Mujeres y hombres casados, miraban con ojos ardientes de deseo, a otros del sexo opuesto. Se los podía ver en la calle, en los negocios, en el parque, conversando con naturalidad, apartados del resto, y a la vista de todos, sin cuestionarse ni sentir culpa. La intimidad avanzó, al mismo tiempo que los adulterios, que al integrarse al transcurrir natural de los matrimonios, no fueron incluidos en sus confesiones. Solo ocultaban con pudor lo relativo al sexo, pues de eso nunca se hablaba y menos delante de la familia.
Al cabo de unos meses, las profesionales del chisme, graduadas con honores en pueblo chico, comenzaron a inquietarse, no se sabe si porque quedaban fuera de los sucesos o si por verdadera preocupación, pero sus dichos llegaron a oídos del párroco, que, espantado, no daba crédito a lo que escuchaba, y con varios rosarios en las manos y velas nuevas encendidas al pie de cada santo, organizó un encuentro privado con algunos matrimonios involucrados, para esclarecer qué estaba sucediendo.
Esa reunión terminó en escándalo, las mujeres desmayadas, los hombres mudos como si hubieran visto aparecidos y el cura con un ataque al corazón.
Paulatinamente las familias fueron vendiendo todo y mudándose, el pueblo comenzó a quedar semi desierto; el sacerdote retirado por cuestiones de salud. La parroquia abandonada, y en lo que terminó siendo un pueblo inexistente sólo quedaron volando al viento hojas sueltas de la Biblia, en la que por un error de impresión podía leerse en el Sexto Mandamiento: “Cometerás adulterio”.


4 comentarios:

  1. ¿Fatídico? No logro relacionarlo alguna actitud recién llegado, quizás tenga que ver con el aniversario de una guerra o un cataclismo. Y que los relaciones con la historia subliminalmente
    Pecado de omisión suena a bíblico o a concepto religioso. Un agnóstico, te dirá error de imprenta. Yo considero, tu aserción, correcta, se inscribe dentro del contexto. Me gusta mucho como intercalas el modo de relatar antiguo con modismos y conceptos del siglo XXI
    Muestras, con el aplastante final, como un detalle, por exceso u omisión, puede causar estragos. Y constituye el meollo del Asunto.
    Fluye el texto narrado con espontaneidad. Dicen. [Los que saben] que bajo la capa de un escrito que se lee fácilmente, hay un trabajo arduo y laborioso.

    Es cierto los pocos guían a los muchos. “Parecía que la edición de Barker y Lucas. Editada años antes, obraba el milagro de hacer más devota a la gente de ese lugar” esa realidad motivó a que los creyentes siguieran a pie juntillas lo que apuntaba la cita de la Biblia. Claro que en este caso en especial, el sexto Mandamiento, era poderoso aliciente. Eso lo supe al leer el final.

    Me incomoda, un poquito: “Miraban con ojos de deseo a otros del sexo opuesto”
    Es redundante y ambiguo, me relampaguea “Homosexualidad” lo que claramente no es tu intención. Suprimiría el “Otros “
    Muy bien descrita la reacción de las chismosas; su tema, antes escandaloso, ya era rutina, incorporado al bagaje social. El párroco parece que vivía enclaustrado en los muros del Templo, no se percató de lo que sucedía en las calles de la ciudad, quiero decir en las camas y lugares oscuros. Parece que lo supo por las chismosas infiltradas en la Iglesia. Sin tardanza quiso ejercer su Poder sobre los matrimonios que eligió. El pobre encerrado en sus creencias, sucumbió leal a ellas. Los matrimonios desconcertados de que el Vicario de Dios fuese contrario a la Palabra Santa. Y les quisiera quitar esa delicia erótica.
    Te reitero, el final del cuento es impresionante e inimaginadas por mí, como lector.
    Buen texto y muy bien contado.

    Jorge Carmi

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  2. Lo que puede un error de imprenta, y tan luego en la Biblia... en este caso fue la puerta abierta a la transgresión y desinhibición. Y esa imagen del cura rodeado de velas, con varios rosarios en las manos, es realmente memorable, igual que la perspectiva los hombres mudos y las mujeres desmayadas, tan devotos ellos. Ya desde la fecha y la palabra "carromato", el relato me atrapó. Muy bueno, Edith, te felicito.

    Cariños,
    Mariángeles

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  3. Me atrapó también a mí, querida Edith. Bueno, buenísimo.
    enhorabuena

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  4. Gracias amigos, es bueno no solo recibir visitas sino enterarme de que han andado por aquí y más aún si les gusta lo que encontraron.

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